Olof Holm ©
Traducción al español de Therese Quiding y Vicky Béjar
Con el permiso de Ulla, Movitz, Mollberg, el propio Fredman y otros personajes de las epístolas, hay que reconocer que el verdadero papel protagonista en las mismas no les corresponde a ellos, sino a la ciudad de Estocolmo.
En el siglo XVII, Estocolmo era la capital de la gran potencia sueca. La administración central del imperio, fuertemente constituido, se situaba allí. Tras el modelo continental se construyó en la ciudad un palacio para la nobleza con el fin de salvaguardar sus intereses en el parlamento y en la concejalía y participar en la vida de la corte y la administración.
La población creció y la ciudad se construyó desde los varios periféricos. En varias etapas, principalmente durante el gobierno civil de Claes Fleming en la década de los cuarenta, se construyeron grandes bloques de planta rectangular, separados por anchas calles, incluso a las afueras del actual núcleo urbano. La ciudad tendría su propio carácter; iba a convertirse en el lugar público en el que el consejo de administración del reino y los cargos directivos desempeñarían sus funciones.
Durante el siglo XVIII la ciudad de Estocolmo se vio profundamente afectada por diversos acontecimientos dramáticos. La gran potencia sueca quebró y sobrevino un periodo de hambre y necesidad. La peste llegó a la ciudad en 1710 y no desapareció hasta dos años más tarde. La sucesión de una serie de fuegos devastadores causó estragos en la ciudad; en 1723 se quemó la Parroquia de Katarina, en 1751 la de Klara y en 1759 la de Maria. En los tiempos de pobreza que siguieron, la reconstrucción de la ciudad tuvo un desarrollo lento.

Petrus Tillaeus General Charta öfwer Stockholm med Malmarne Åhr 1733
En el siglo XVIII Estocolmo tenía cerca de 70000 habitantes. La ciudad había cambiado su carácter. Se construyeron el nuevo palacio y otras edificaciones de estilo clasicista que serían seguidas por otras. La ciudad entre los puentes era una ciudad de piedra. La edificación en piedra, regida por el código de construcción de 1763, se realizaba en los barrios periféricos, excepto allí donde las condiciones de base hacían de este tipo de edificación una opción imposible. Sin embargo, el decreto fue ignorado a menudo; prueba de ello es la existencia de casas de madera en las zonas más estables de las colinas de Södermalm.
El carácter de la ciudad se hacía presente únicamente en los elementos del paisaje en las cercanías de Stadsholmen. La mayoría de los barrios se hallaban en la zona sur de la ciudad. Al norte todo era campo ya a la altura de Klara Norra Kyrkogata. Kunsholmen era un idilio rural y en Ladugårdslandet no se veían más que chozas y pastos. Cerca de las edificaciones urbanas se extendían los campos de tabaco y pasados estos, las explotaciones de minerales. En las áreas exteriores había lagos de estiércol desde los cuales se propagaban las infecciones. La tubercolosis y distintas epidemias eran habituales y en los cementerios había falta de espacio.
El raspado del suelo se realizaba a última hora los sábados por la tarde, de modo que la gente se quejaba de que los propietarios permitiesen a sus criados frotar la escalera y la entrada del portal justo antes del domingo; cada sábado por la noche, al retirar la mugre, se levantaba polvo y suciedad, de modo que las personas que pasaban por allí se ensuciaban. Por las tardes, una oscuridad profunda envolvía la ciudad. Durante el invierno se imponía a los propietarios en los distintos barrios mantener las farolas encendidas cada treinta pasos entre el comienzo del anochecer y la medianoche, excepto si había luna. El resplandor de esos "ojos de lobo" no alcanzaba demasiado lejos, pero posiblemente facilitaba la orientación.
En el interior de las casas se trabajaba a la luz tenue de la chimenea (también eran frecuentes las chimeneas francesas) o de las velas de sebo hechas a mano en las casas. La preparación de la comida y el mantenimiento del calor en los hogares requería importantes cantidades de leña. En los barrios había leñeras, cuadras, almacenes, etc; con sus gallinas, caballos, vacas y cerdos, los patios interiores rememoraban la imagen de una granja. El índice de mortalidad era elevado; en concreto, la mortalidad infantil era, tras la de París, la más alta de Europa. No obstante, el número de habitantes se compensaba con los traslados del campo a la ciudad y la inmigración. Durante el invierno se permanecía mucho tiempo en el interior de las casas, donde se vivía en poco espacio para evitar tener que hacer fuego en todas las habitaciones. No se ventilaba y la gente se lavaba lo menos posible. En las chimeneas francesas se quemaban sustancias aromáticas para ocultar el hedor. La limpieza meticulosa de las casas, el raspado del suelo, la ventilación, la colada y el aseo personal correspondían a los meses de verano. En las casas, los bancos de pared, cofres y pesados armarios barrocos eran reemplazados por muebles sueltos como sillas y estanterías. Si uno podía permitírselo, se recubrían las sillas con cojines de seda.

Pehr Hilleström En piga höser såppa utur en kiettel - i en skål, 1700-talets mitt
El menú semanal de los empleados podía consistir en: Domingo: sopa de col con tocino; Lunes: sopa recalentada; Martes: sopa y carne salada; Miércoles: sopa recalentada, arenque y patatas; Jueves y viernes: sopa de guisantes y salchicha de vísceras; Sábado: ölost (consistente en una mezcla de leche y cerveza), patatas y arenque. La comida se salaba adecuadamente. Carl Michael Bellman escribe sobre su propia alimentación: “äter efter aptit litedt och godt, Söndag hwitkål – Torsdag ärter, Lördag strömming.” (“como, siguiendo mi apetito, poco y bien; col el domingo, guisantes el jueves, arenque frito el sábado.”).
El reglamento escolar del año 1724 cargaba a los padres con la tarea de enseñar a sus hijos a leer textos instructivos, el sacristán ayudaba con el catecismo, los sacerdotes lo controlaban todo y, finalmente, se dejaba la contratación de los profesores en manos de los miembros de la comunidad. Sin embargo, las familias acomodadas y la creciente clase media se procuraban profesores privados para sus hijos.
Estocolmo era la capital y tenía oportunidades de trabajo, como era de esperar: el palacio era un gigantesco lugar de trabajo, así como los organismos estatales. La nobleza y los comerciantes adinerados tenían grandes casas y, al igual que los funcionarios y empleados del Estado, tenían criados y todos consumían lo que el entorno producía. De esta manera, aseguraban el empleo a muchas tiendas, empresas de importación y fábricas, así como a obreros con sus oficiales, lavanderas, barberos, cocheros y “roddarmadamer” (grupo constituido por mujeres remeras que en pequeños botes transportaban personas y mercancías a cambio de dinero; eran especialmente conocidas por sus burdos modales). La espléndida política cultural de Gustaf tercero pobló la ciudad de actores, cantantes de ópera, pintores, escultores, maestros de danza, empleados de teatro, etc. Un nuevo tipo de trabajo se ofrecía en las fábricas construidas en los barrios periféricos. Los puertos estaban llenos de vida y ofrecían buenas oportunidades laborales, así como los astilleros reales que suministraban naves a la flota real. La flota era un elemento claramente representativo de la ciudad. Estocolmo era una plaza fuerte y en ella se veían soldados y marineros uniformados por todas partes. No existía el concepto de “horario de trabajo”; para ello habría que esperar hasta los tiempos del industrialismo. Los dependientes trabajaban mientras hubiese clientes, los criados no disponían, en realidad, de ningún tipo de tiempo de ocio, los funcionarios iban y venían de sus oficinas según conviniese. Pero cuando uno lograba desquitarse, la capital ofrecía muchas diversiones: bailes en locales de fiesta públicos, tales como Börssalen y Vauxhallen en Kungsträdgården, tabernas, juegos de bolos, conciertos, espectáculos teatrales y excursiones a las zonas verdes de las afueras de la ciudad.
Como consecuencia de los incendios y las recesiones se resintió en gran medida la economía privada de muchos habitantes. El alcoholismo y la inmoralidad se propagaron y en el marco de la ciudad podían encontrarse personajes marginales, generalmente conocidos, que fueron enaltecidos por Bellman.
Estocolmo tenía alrededor de 700 tabernas, lo cual se traducía en una por cada cien habitantes. Los locales destinados al despacho de bebidas eran pequeños, en su mayoría, y podían ser llevados, por ejemplo, por alguien que los utilizase como fuente secundaria de ingresos o por una viuda que en un lugar adecuado sirviera un chupito y un bocadillo de queso de cerdo (una especie de fiambre con gelatina). En los cafés se discutían los acontecimientos de actualidad, se contaban cotilleos y se leían los periódicos que empezaron a publicarse tras el surgimiento de la libertad de prensa en el año 1766. En Bollhuset se representaba teatro francés desde 1737, pero en 1773 Gustaf III fundó el Kungliga Teatern (Teatro Real) donde tanto las obras de teatro como la ópera se representaban en sueco. Incluso Carl Michael Bellman escribió una docena de piezas teatrales, la mayoría de ellas destinadas a ser interpretadas en el círculo de amigos, pero también escribió alguna destinada incluso al rey y a la corte. Y el propio Bellman interpretó su ilustre personaje como charlatán (en su acepción de vendedor ambulante que anuncia su mercancía a voces) en la pieza de Hallman Tillfälle gör tjuven (“La ocasión hace al ladrón”).
Alrededor de la ciudad había zonas verdes adonde los habitantes de Estocolmo podían hacer excursiones. En Haga, que aún en la década de 1760 era una región de bosques, se construyó en la década de 1780 un parque de estilo inglés donde Gustaf III planificó su Versalles.
Djurgården estaba constituido por una superficie de bosque aún mayor, pero allí había incluso un pequeño barrio periférico, habitado por una población indecente y pendenciera. Aquí se situaban Gröna Lund y Dunderhyttan (actual Hasselbacken), conocidas por la poesía de Carl Michael Bellman; dos en una larga lista de tabernas clandestinas. Oficialmente, no existía ninguna taberna en absoluto; la prohibición afectaba incluso a Djurgården en lo referente a la entrada de aguardiente.
Estocolmo era la ciudad líder en lo que respecta al comercio. Cada vez más personas hacían fortuna gracias a la producción de mercancías y las actividades comerciales. Siendo un lugar clave para el norte del país y Finlandia, y a través del comercio exterior en el puerto con navegantes que viajaban a España y Portugal, Estocolmo ofrecía un rico campo de actividad para una dinámica clase de comerciantes.
Esta capa social sobresaliente se hallaba en las suntuosas hileras de edificios de Skeppsbron, con locales para los negocios y casas representativas para las familias de los propietarios. La llamada “aristocracia de Skeppsbron” era incluso más rica que gran parte de la nobleza. Quizás sus navegantes iban a Cádiz, donde el tío de Bellman, Jacob Martin Bellman, era cónsul.
En Slussen había una báscula de hierro donde se pesaba, antes de ser exportado, el hierro procedente de Bergslagen. Allí se encontraban las mayores reservas de productos de hierro del mundo. Tanto en las calles como en el puerto podía escucharse una multitud de lenguas diversas: Estocolmo tuvo desde un principio cerca de un cinco por ciento de habitantes, con frecuencia incluso más, hablantes de finés. En tiempos de Bellman, Estocolmo era la capital incluso para los habitantes de Pomerania (región histórico-geográfica situada al norte de Polonia y Alemania en el litoral báltico), que pertenecía a los territorios del rey sueco, y cuyos habitantes acudían a Estocolmo con intención de hacer carrera y establecerse allí. Lenguas como el holandés, ruso, danés, etc, llegaron con la población que comerciaba y vivía en la ciudad. Asimismo, el francés era la lengua preferente en la corte y las altas esferas. En las reuniones parlamentarias la ciudad se llenaba de representantes de los cuatro estamentos: los mandatarios de cada capa nobiliaria, todos los obispos y sacerdotes de cargo elevado, burgueses procedentes de todas las ciudades y campesinos de cada provincia, mostraban sus hábitos y atuendos locales. Pero la aproximación progresiva de los estratos sociales a finales de siglo supuso una amenaza para la antigua división de clases. Los campesinos se enriquecieron, y los fabricantes y capitalistas se adelantaron económicamente a la burguesía tradicional, obreros, artesanos y comerciantes. La nobleza perdió muchos de sus privilegios, al tiempo que emergía una nueva “clase media”, que estaba constituida por una población diversa que iba desde los directores de la Compañía de las Indias orientales, enriquecidos desproporcionadamente, los reyes de las fábricas de cerveza y los propietarios de fábricas y periodistas, hasta los funcionarios más jóvenes e inferiores de la maquinaria social, entre los que se contaba el propio Bellman. Él y sus compañeros trabajaron duro durante años tratando de conseguir un trabajo fijo y un sueldo mínimo. En espera de un ascenso, que bien podía no llegar nunca, fueron tirando de préstamos para poder subsistir. Bellman trabajó como empleado público desde 1758 (en el Banco Nacional, la Oficina de Manufactura, la Dirección de Aduanas y, finalmente, en la Oficina de Lotería), pero no cobró sueldo alguno hasta que obtuvo trabajo fijo como copista en 1768.

Johan Sevenbom, Utsikt från Brunnsbacken över Saltsjön, Stockholm, 1770-talet
El palacio era el edificio principal de la ciudad. En el centro de la resplandeciente vida de la corte se situaba el monarca absoluto, Gustaf III. Después del golpe de Estado de 1772 muchos de los círculos de la ciudad albergaron grandes esperanzas en su política y un optimismo generalizado caracterizó la primera parte de su reinado. Su contribución permanente a la ciudad y el estado se llevó a cabo mediante una grandiosa política cultural metódica y planificada. La fundacion de la Academia Sueca y la Academia de la Música, los teatros reales, al igual que la nueva planificación de la ciudad, reflejan dicha política. Una nueva generación de escritores, músicos, actores, cantantes de ópera, compositores, arquitectos, escultores, pintores y otros artistas crearon en pocas décadas el clasicismo gustaviano. Desde ese punto de vista, Estocolmo era una ciudad brillante.
Leer màs:
- Afzelius, Nils, ”Stockholmsskildraren Bellman”, extrait de Sankt Eriks årsbok 1951, Stockholm 1951
- Afzelius, Nils, Staden och tiden. Studier i Bellmans dikt, Stockholm 1969
- Bellman var där. En vägvisare till Bellmansmiljöer i och kring Stockholm, composé par Marie Louise Andersén, Bo G Hall, Olof Holm et Torkel Stålmarck avec les photographies de Julie Rito, Värnamo 1997
- Britten Austen, Carl Michael Bellman. Hans liv, hans miljö, hans verk, Malmö 1970
- Lundin, Claes et Strindberg, August, Gamla Stockholm. Anteckningar ur tryckta och otryckta skällor framletade, samlade och utgifna af CL et AS, Stockholm 1882
- Schück, Henrik, ”Stockholm på Bellmans tid”, extrait de Bellmansstudier [Första samlingen], Stockholm 1924
- Selling, Gösta, Johansson, Gotthard et Axel-Nilsson, Göran, Si Ulla dansar. En bilderbok om Bellmans Stockholm, Stockholm 1945
- Svanberg, Victor, ”Stockholms förfall och Bellman”, extrait de Kring Bellman, red Lars-Göran Eriksson, Stockholm 1961
- Söderberg, Elov, Stolta stad. Glimtar från Bellmans Stockholm idag, Stockholm 1988
- Yppighet och armod. Sankt Eriks årsbok 1994, Stockholm 1994

















